La ansiedad —o angustia— puede aparecer de forma repentina: sensación de ahogo, presión en el pecho, miedo sin causa clara. Muchas personas se preguntan cómo librarse de esto cuando aparece así, sin aviso.
Un peso desagradable en el pecho y, a la vez, un vacío sin nombre, falta de aire, miedo, no lograr poner palabras, la sensación de una condena sin sentido, horror, deseos de llorar, el corazón se desboca, ¿me estoy muriendo? ¿Por qué ahora? ¿Qué es esto insoportable que me pasa?
¿Por qué la angustia aparece sin un motivo claro?
No siempre hay un motivo evidente. O, mejor dicho, no siempre hay un motivo que uno pueda reconocer de inmediato.
La angustia puede sentirse en el cuerpo —un nudo en el estómago, una presión en el pecho, un temblor— o aparecer como una inquietud más difusa, algo que está ahí pero que no termina de tomar forma.
Y muchas veces lo más difícil no es tanto “lo que pasa”, sino no saber qué hacer con eso.
¿Por qué no desaparece aunque intentemos controlarla?
Cuando aparece, es bastante común intentar quitársela de encima: distraerse, buscar explicaciones, llenarse de actividades, evitar lo que la despierta. Sin embargo, cuando la angustia insiste, suele no responder a esas soluciones rápidas. No se deja tapar del todo. Vuelve.
A veces también se presenta ligada a algo que se repite. Situaciones distintas, pero con una sensación parecida. Como si uno se encontrara, una y otra vez, con algo que no termina de entender.
He escrito más sobre esto en Tropezar siempre con la misma piedra. El psicoanálisis y la repetición.
¿Es posible librarse de la angustia?
En psicoanálisis, la angustia no se aborda como algo que simplemente haya que eliminar. Tampoco como un fallo que hay que corregir. Se la escucha como una señal. Algo está en juego ahí, aunque todavía no esté claro qué.
A través de la palabra —sin prisa, sin la exigencia de “estar bien”— eso que angustia puede empezar a tomar forma. No siempre desaparece, pero puede cambiar de lugar, volverse más soportable, dejar de irrumpir del mismo modo.
No se trata tanto de apagarla como de poder situarla: qué lugar tiene en la historia de cada uno, con qué está ligada, qué intenta decir.
Cuando algo de eso encuentra palabras, la angustia deja de ocuparlo todo. Ya no se impone de la misma manera. Si la angustia insiste, si aparece una y otra vez sin que encuentres cómo hacer con ella, quizá no se trate solo de eliminarla, sino de empezar a escucharla de otro modo.
Si la angustia insiste, si aparece una y otra vez sin que encuentres cómo hacer con ella, quizá no se trate tanto de eliminarla como de empezar a escucharla de otro modo.
A veces, una primera conversación ya introduce un pequeño desplazamiento.
Puedes ver aquí cómo es una primera entrevista.