EL OLVIDO EN PSICOANÁLISIS: CUANDO RECORDAR DEMASIADO IMPIDE OLVIDAR

De Freud a Adam Phillips: memoria, repetición y síntoma en la clínica psicoanalítica

En psicoanálisis, el olvido no es simplemente una falla de la memoria ni algo que deba corregirse sin más. El trabajo analítico no se orienta únicamente a recordar para poner palabras a los síntomas, al malestar o a la angustia, sino también a interrogar aquellos recuerdos que no permiten olvidar. Muchas veces, el sufrimiento no proviene de lo olvidado, sino de una forma particular de recordar que mantiene al sujeto atrapado en la repetición.

Lo que no ha sido simbolizado, lo que no ha podido inscribirse en palabras, no desaparece. Vuelve, como decía Freud, “como un alma en pena”, encarnado en síntomas corporales o psíquicos, en sueños, lapsus, actos fallidos o en la repetición de determinadas situaciones. Se recuerda sin saber que se recuerda.

Una paciente llegó a consulta quejándose de tener “demasiada memoria”. Cada noche revivía con una precisión dolorosa los momentos desagradables del día. “No puedo dejar ir nada”, decía. Su malestar no provenía de haber olvidado, sino de recordar de un modo que no le permitía olvidar lo necesario. Esta paradoja, tan frecuente en la clínica, es formulada con claridad por Adam Phillips: los pacientes no acuden a análisis porque recuerden poco, sino porque recuerdan de una manera que los mantiene atrapados.

El olvido en Freud: una operación activa

Freud nunca dejó de interrogar el fenómeno del olvido. Ya en sus primeros textos muestra que incluso los olvidos más triviales obedecen a una lógica inconsciente. No olvidamos al azar. Un analizante olvidaba sistemáticamente el nombre de su suegra, pero solo cuando debía presentarla a otras personas. A medida que avanzaba el análisis, emergía la ambivalencia que sentía hacia ella y el lugar intrusivo que ocupaba en su vida conyugal. El olvido no era un fallo de la memoria, sino una solución psíquica.

La represión, tal como la concibe Freud, no es un simple borrado. Requiere trabajo. Un paciente había “olvidado” durante años un episodio traumático de su adolescencia, pero invertía una enorme cantidad de energía en evitar lugares, conversaciones o situaciones que pudieran evocarlo. En su caso, el olvido era una tarea permanente. No recordar tenía un costo psíquico elevado.

Recordar, repetir, no poder olvidar

En Recordar, repetir y reelaborar, Freud formula una de sus ideas más fecundas: lo que no puede recordarse, se repite. La repetición no es un defecto del análisis, sino la vía por la que lo olvidado insiste. Otro paciente consultó por conflictos reiterados con figuras de autoridad. Solo tras un tiempo de trabajo pudo advertirse cómo reproducía, una y otra vez, la relación ambivalente y hostil con su padre, relación que había quedado fuera del recuerdo consciente.

Desde esta perspectiva, la compulsión a la repetición puede leerse como un fracaso del olvido. No se trata de que el sujeto no recuerde, sino de que no logra olvidar de una manera que le permita vivir de otro modo.

Adam Phillips: digerir o escupir

Adam Phillips propone pensar el olvido no como una operación única, sino como un proceso con distintas modalidades. Retomando una metáfora freudiana, distingue entre digerir una experiencia y escupirla. Digerir implica metabolizar lo vivido, transformarlo, integrarlo de manera que deje de actuar como un cuerpo extraño. Escupir, en cambio, supone un intento de expulsión radical que, paradójicamente, mantiene viva la experiencia bajo la forma del rechazo o del odio.

Esta distinción resulta especialmente fecunda en la clínica. Hay sujetos que intentan deshacerse de lo ocurrido negándolo, evitándolo o repudiándolo, sin poder elaborarlo. Otros logran, con el tiempo, una forma de olvido que no borra el pasado, pero le resta su poder paralizante.

La atención flotante como olvido creativo

La técnica analítica misma se apoya en una forma particular de olvido. La atención flotante exige que el analista suspenda sus saberes previos, sus teorías y expectativas, para poder escuchar al paciente en su singularidad. No se trata de ignorar la teoría, sino de olvidarla momentáneamente para no encasillar al sujeto en categorías ya conocidas.

Con cada paciente, el analista abre, por así decirlo, una página en blanco. De fondo están los autores leídos, la experiencia clínica acumulada, pero en el acto de escuchar se trata de dejar que algo nuevo pueda escribirse. Este olvido es una condición de la creatividad clínica.

El síntoma como memoria

Los síntomas pueden entenderse como una forma de memoria detenida. Un paciente consultaba por ataques de pánico que aparecían en espacios cerrados. Solo cuando fue posible articular estos episodios con una experiencia infantil de encierro, largamente olvidada, el síntoma comenzó a transformarse. No fue necesario reconstruir el recuerdo en todos sus detalles; bastó con que esa experiencia pudiera adquirir otro estatuto psíquico.

El síntoma recuerda por el sujeto aquello que él no puede recordar conscientemente. En este sentido, como señala Phillips, es una mnemotécnica del deseo: una forma involuntaria y disfrazada de memoria.

Olvido y clínica

Desde la práctica analítica, el objetivo terapéutico no consiste en recordarlo todo, sino en establecer una nueva relación con la memoria y el olvido. Algunos olvidos funcionan como resistencias, otros como síntomas, y otros pueden devenir recursos psíquicos valiosos.

Un paciente olvidaba sistemáticamente traer el dinero de sus sesiones. Al trabajar este olvido, emergió su ambivalencia respecto del tratamiento y su dificultad para reconocer el valor del cuidado recibido. En otro caso, una paciente presentaba olvidos selectivos de todo lo relacionado con una expareja; este olvido expresaba su imposibilidad de elaborar el duelo.

Con el avance del análisis, algunos sujetos desarrollan lo que podríamos llamar un olvido productivo. Dejan de estar obsesionados con recordar cada detalle de su historia y adquieren la capacidad de soltar ciertos recuerdos sin que esto genere angustia. Como dijo una paciente: “Aprendí que no necesito recordarlo todo para estar bien”.

Para terminar

Adam Phillips nos invita a releer a Freud desde una perspectiva provocadora: quizá el objetivo del análisis no sea recordar más, sino aprender a olvidar mejor. No un olvido que borre o niegue, sino uno que permita que el pasado deje de gobernar el presente.

En psicoanálisis, olvidar no es perder algo, sino a veces la condición para que algo nuevo pueda tener lugar.

Freud, S. (1901). “Psicopatología de la vida cotidiana”, en Obras Completas.

Freud, S. (1914). “Recordar, repetir y reelaborar”, en O. C.

Freud, S. (1915). “La represión”, en O. C.

Phillips, A. (1988). «Freud y los usos del olvido», en Flirtear. Psicoanálisis, vida y literatura.

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